Política

Impunidad transicional tras la tortura, por Rosmit Mantilla

Hoy es el Día Internacional en Apoyo a las Víctimas de Tortura , vale la pena recordarle a todos los venezolanos que tenemos más de 700 prisioneros de conciencia en las cárceles venezolanas y miles de venezolanos sometidos a los tratos más crueles y vejatorios registrado en la historia contemporánea del continente.

Fui liberado hace casi tres años, pero siempre estará en mi mente la cruz en la frente que me hizo Rodolfo González “El Aviador” minutos antes de colgarse en su celda; no dejo de pensar en los maltratos que reciben los Hermanos Guevara hace 14 años en el Sebin. Siempre quedarán en mi mente, como una fotografía, los Policías de Chacao bañados en sangre y amarrados frente a todos nosotros a pocos metros de mi celda; nunca dejaré de ver, cuando cierro los ojos, la imagen de Vilca Fernández amarrado cuando llegó al Sebin.

Cada día en ese castillo de la tortura, dejará en mí marcas que nunca podré borrar. Creo que a ocho días luego de mi detención, llegó Renzo Prieto, mi primera imagen del ahora diputado y gran amigo, es esposado con las manos hacia atrás en un silla frente a una celda mínima donde compartía espacio con otras 21 personas. Fui testigo del breve pero violento interrogatorio que le hicieron, mientras que al mismo tiempo lo amenazaban de arrancarle la nariz con un alicate.

Aún escucho claramente los gritos de los torturados a los lejos y como bajaba la luz producto de las torturas con electricidad que recibían los que venían llegando. Era frecuente conocer gente que todos los días eran tirados en cualquier lugar del Helicoide y me tocaba recoger del piso o darles jabón y ropa luego de horas y días de intensa tortura.

Siempre eran muy perturbadoras, las conversaciones el día de visita de los abogados, escuchar como eran torturados otros presos en los distintos penales y que mi abogada y amiga, Theresly Malave, me contaba con detalle y rigurosidad; como eran torturados Raúl Emilio Baduel y Alexander Tirado. Todos los días teníamos noticias fatídicas de ellos, quemaduras en sus zonas íntimas, producto de horas sentado en el asfalto caliente, golpizas interminables en las madrugadas, entre muchas otras prácticas macabras.

Descubriendo la tumba: luego de conocer a Lorent Saleh y Gerardo Carrero, en los traslados a los tribunales, descubrí “La tumba”. Siete celdas selladas bajo treinta metros bajo tierra, a la misma profundidad del metro de caracas. Que en ese holocausto humano fueron torturados tantos presos durante años, con aislamiento celular y maltrato psicológico de funcionarios, jueces y fiscales.

Puedo pasar días narrando todo lo que vi y viví en los dos años y medio tras las rejas del régimen. Pero lo realmente importante de estas líneas, es mantener viva la memoria histórica de todo lo que nos pasó. No existe un futuro posible si olvidamos tantos años de muerte, persecución y tortura. Honestamente, yo no perdono, es hipócrita asegurar lo contrario, yo si quiero justicia, que sean procesados frente a la verdadera justicia todos los responsables del horror que vivimos y viven los prisioneros de conciencia en Venezuela.

En tiempos de cambio, yo me niego a la impunidad transicional. No podemos borrar las marcas de la tortura en el proceso “político”. No tengo duda que estamos a punto de lograr la libertad y democracia, es por eso, que tengo muy claro que estaré atento y vigilante que todas las victimas obtengan justicia. No hablo de venganza, hablo de procesos justos y con el máximo respeto a los derechos humanos, esos derechos que ellos me negaron a mí y tantas víctimas de la dictadura.

Para el momento que redacto esta carta, está naciendo el hijo de mi amigo y también víctima de tortura, Lorent Saleh. Luego del sufrimiento y el horror vivido, hoy tenemos una nueva oportunidad lejos de nuestro país, pero aunque esté al otro lado del Atlántico y lejos de los míos, siempre estaré denunciando, defendiendo y recordando lo que no podemos olvidar.

Rosmit Mantilla

Diputado a la AN, hijo, activista y sobre todo venezolano.